Estoy seguro de que todos en algún momento nos hemos hecho esta pregunta y sería bueno que escribiéramos lo que al respecto podemos aportar.Ya que hoy tenemos la oportunidad de estar nuevamente en un salón de clases en calidad de alumnos y no de docentes, es bueno que reflexionemos en lo siguiente; hay materias que nos apasionan tanto hasta el punto de querer oír otra clase, incluso antes de que termine la que estamos teniendo; hay otras que de nombre parecen hermosas e interesantes pero cuando fuimos a la primera lección salimos desmotivados, pues la materia no era lo que esperábamos y termina casi siendo una pesadilla, un dolor de cabeza, una carga desastrosa y tormentosa hasta el día en que termine.
¿Nos hemos puesto a pensar que muchas veces nuestros alumnos piensan eso de nuestros cursos? Y que debido a este interrogante es que el ser docente no es algo que solamente lo quiero y ya, o una forma de obtener un ingreso extra. El ser docente es un arte, una responsabilidad, pues somos los responsables de la formación de profesionales que de alguna forma seguirán nuestros ejemplos como sus superiores y tutores educativos.
Es por esto que creo que la oportunidad de dar una clase no es una obligación ni un compromiso laboral, sino que constituye un privilegio.
Si tienes la oportunidad de dar una materia en una universidad, en un colegio o una escuela también tienes la oportunidad de despertar el interés por la superación en un estudiante. Como profesor tienes esa oportunidad única de guiar el camino del alumno en un crecimiento mutuo, no sólo guiarlo, sino también despertar esa curiosidad que hace que las personas hagan innovaciones excepcionales y lleguen a ser hombres y mujeres de bien para la sociedad.
La imagen del profesor sería como una especie de "Sócrates" el cual busca hacer que el conocimiento sea elaborado por el alumno mediante la comprensión del problema ayudándolo a que “el verdadero conocimiento nazca”, no hay mayor satisfacción para el verdadero docente que ver coronados sus esfuerzos en alumnos convertidos en verdaderos profesionales, triunfadores y constructores del futuro y aunque como menciona el autor Peter Drucker, “ya nos encontremos en nuestro nivel de incompetencia”, podamos vernos en cada uno de esos profesionales a los cuales de una manera responsable hemos ayudado a formar.
La imagen contraria a ésta, es la del profesor que entra en el aula "dicta su clase" y se va, sin dejar ningún interrogante de esos que te hacen desvelar una noche entera y que pasan por la vida de sus estudiantes sin pena ni gloria, que solamente cumplieron con su labor como empleados de una universidad, escuela o colegios, pero nunca sintieron el deseo de ser verdaderos educadores ni vieron su responsabilidad ante ese grupo de muchachos a los que nunca enseñó a aprender; sólo los entretuvo.
He tenido el honor de haber cursado con profesores que hacían temblar el piso cada vez entraban y daban una clase (y no porque fueran gordos o de gran tamaño) sino hombres grandes en conocimientos y carisma, hombres que marcaron mi vida para siempre con su gran sabiduría, esos son los profesores que rescato, ese verdadero profesor que sabe que la clase no termina cuando deja el salón, que la clase continúa, porque la vida en el fondo es una clase.
El verdadero profesor es aquel que por más que haya pasado el tiempo, cualquier ex alumno, alumno o compañero todavía le escribe un correo solicitando su ayuda o un consejo sabio, sabiendo que siempre va a encontrar en él alguien en quien se puede apoyar.
Y es ahí donde aparece el profesor de siempre, el que hacía temblar el piso con sus palabras y consejos que funcionan como una especie de brújula en este mundo lleno de incertidumbre para seguir orientando a sus alumnos con el conocimiento y el anhelo más desinteresado que pueda existir, y digo desinteresado porque la única finalidad que busca es que su alumno siga creciendo sin pedir nada a cambio.
Por eso es que hoy debemos reflexionar y pensar qué clase de docente somos y cuál queremos ser. ¿Pasaremos a la historia sin pena ni gloria o seremos recordados por nuestros alumnos como el profesor que hacía temblar las paredes con sus palabras y sabiduría? Un proverbio anónimo dice “Un profesor alcanza la inmortalidad a través de sus alumnos” en nuestras manos está si queremos ser inmortalizados o muertos aún dentro del salón.
Un abrazo a todos estimados compañeros.
La imagen contraria a ésta, es la del profesor que entra en el aula "dicta su clase" y se va, sin dejar ningún interrogante de esos que te hacen desvelar una noche entera y que pasan por la vida de sus estudiantes sin pena ni gloria, que solamente cumplieron con su labor como empleados de una universidad, escuela o colegios, pero nunca sintieron el deseo de ser verdaderos educadores ni vieron su responsabilidad ante ese grupo de muchachos a los que nunca enseñó a aprender; sólo los entretuvo.
He tenido el honor de haber cursado con profesores que hacían temblar el piso cada vez entraban y daban una clase (y no porque fueran gordos o de gran tamaño) sino hombres grandes en conocimientos y carisma, hombres que marcaron mi vida para siempre con su gran sabiduría, esos son los profesores que rescato, ese verdadero profesor que sabe que la clase no termina cuando deja el salón, que la clase continúa, porque la vida en el fondo es una clase.
El verdadero profesor es aquel que por más que haya pasado el tiempo, cualquier ex alumno, alumno o compañero todavía le escribe un correo solicitando su ayuda o un consejo sabio, sabiendo que siempre va a encontrar en él alguien en quien se puede apoyar.
Y es ahí donde aparece el profesor de siempre, el que hacía temblar el piso con sus palabras y consejos que funcionan como una especie de brújula en este mundo lleno de incertidumbre para seguir orientando a sus alumnos con el conocimiento y el anhelo más desinteresado que pueda existir, y digo desinteresado porque la única finalidad que busca es que su alumno siga creciendo sin pedir nada a cambio.
Por eso es que hoy debemos reflexionar y pensar qué clase de docente somos y cuál queremos ser. ¿Pasaremos a la historia sin pena ni gloria o seremos recordados por nuestros alumnos como el profesor que hacía temblar las paredes con sus palabras y sabiduría? Un proverbio anónimo dice “Un profesor alcanza la inmortalidad a través de sus alumnos” en nuestras manos está si queremos ser inmortalizados o muertos aún dentro del salón.
Un abrazo a todos estimados compañeros.
La primera frase de un docente para con sus alumnos siempre deberá ser gracias.
ResponderEliminarCon este sentido particular rescato la sabia decisión de tener un espacio donde expresar y ampliar por medio de artículos diversos la riqueza del saber, concuerdo ampliamente con este artículo de don Juan Alvarado y su frase final me hace reflexionar ampliamente en aquellos que hemos llevado la educación y el arte de enseñar en la sangre cuando cita el señor Alvardo "un profesor alcanza la inmortalidad a través de sus alumnos". Sabio pensamiento.
Gracias por dar a través de criterios formados y motivadores a clase de docente que debenos ser.
Camilo Cedeño